
En el lobby del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos hay cientos de carteles de cine cubano, poca luz, una cámara antigua y una mujer llamada Rosa Nogueira. Custodio de estas puertas desde hace 36 años, solo paró de trabajar una vez: abril de 2020.

Imperturbables, en medio del mar tumultuoso y de la calma chicha de las aguas mansas en las jornadas veraniegas, los calendarios y los relojes mantienen idéntico ritmo en el registro de los días y las horas. Existe, sin embargo, un tiempo subjetivo, ajeno a la racionalidad abstracta, anidado en el fondo sensible de la conciencia…

El coronavirus ha sido un desastre inimaginable para el planeta. La principal calamidad es la cifra total de muertos que registrará la pandemia y, luego, la erosión de las estructuras económicas de las naciones, fundamentalmente las pobres como la nuestra.