“Sufrir la ciudad es una forma de amarla”

Viejos recortes de periódicos lo acompañan por estos días. Los lleva en su portafolio entre un montón de papeles de los cuales aún no logra desprenderse. Poseen el tono amarillento de esas memorias que ahora revisita para volver casi medio siglo atrás, cuando comenzó a desandar los caminos del patrimonio en Cienfuegos. En ellos respiran algunos de los hechos más trascendentales en el devenir de la urbe, asidos a él como si fuesen sus hijos.

Sentado en un mueble de estilo colonial, hurga en las remotas noticias, reportajes y entrevistas que otrora concedió, antes de tomar la palabra. Lo hace desde su recinto en el Palacio García de la Noceda, nueva sede de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Cienfuegos (OCCC), un enorme y majestuoso edificio al que acaba de devolverle, parcialmente, el esplendor de antaño.

Irán Millán Cuétara luce sereno, a pesar de las emociones vividas en las últimas jornadas cuando sorprendió a muchos con la decisión de jubilarse. Las primeras frases que pronuncia vienen bordadas con la templanza de siempre, si bien cargan la pesadumbre de quien todavía combate contra sí mismo.

“A quien más difícil le ha sido dar este paso es a mí, porque se trata de la obra de mi vida”, confiesa. “Desde hace un tiempo comencé a presentar problemas de salud, los cuales se han agravado. El más reciente es un Parkinson que, aun bajo tratamiento, sigue avanzando y me genera ciertas dificultades. Por otro lado, acumulo ya muchos años de trabajo, 47, dedicados por entero a Cienfuegos y al patrimonio, con la posibilidad de ser protagonista en la concreción de ideas y sueños, apenas empezamos a hablar aquí del patrimonio material.

“El aniversario 205 de la ciudad fue muy fuerte. Trabajamos en diferentes actividades y programas, y nos pidieron incidir en aspectos técnicos vinculados con la estrategia de desarrollo del territorio. Todo vino unido y caí en la cuenta de que había llegado al tope. Las expectativas creadas en relación con mi persona me sobrepasaron un poco, y decidí oficializar la propuesta de jubilación, la cual se manejó en anteriores momentos, con el apoyo de las máximas autoridades del Gobierno y el Partido.

“Nunca —dijo— tuve límite de tiempo y eso me ha desgastado espiritualmente. A Cienfuegos entregué cuerpo y alma, tanto que, en opinión de mi esposa, yo no disfrutaba la ciudad; la sufría. Entonces le contestaba que sufrirla era una forma de amarla, en el afán de que fuera mejor”.

EN LOS FOCOS DEL MUNDO

Cuando en 1977 Irán llegó a la Perla de Cuba, seducido por quien se convirtió en su esposa, encontró en la ciudad una nueva pasión, en la cual derrochó las dotes de galán hasta enamorarla. “Por esa época, esta urbe no clasificaba como patrimonial; su gente, incluidos varios profesionales, alegaban que era moderna y no existía aquí ni patrimonio ni Casco Histórico. Debimos iniciar por convencer a todos de los valores de Cienfuegos, y fue una batalla ardua. Los cienfuegueros no estaban psicológicamente preparados para asimilar que se hallaban a la altura de Trinidad y Camagüey, ciudades muy antiguas.

“En pleno Periodo Especial —contó— empezamos a eliminar los 23 apuntalamientos del Centro Histórico Urbano identificados en 1990. En medio de una situación tan compleja, tuvimos la valentía de comenzar por una cuadra y luego recibimos el apoyo de las autoridades para seguir con el resto. Esas acciones nos devolvieron la categoría a nivel de país, y quienes iban hacia Trinidad, se detenían en Cienfuegos atraídos por sus encantos. Así nos dimos a conocer y logramos colocarnos entre las ciudades del siglo XIX declaradas Monumento Nacional (1995), que no había ninguna en Cuba con tal condición.

“Después, en el año 2000, fuimos invitados a un simposio en Indianápolis, Estados Unidos. Nos propusieron asistir como caso de estudio, y en el inglés pésimo mío, y con diapositivas, realicé la presentación. Como siempre creo en lo que hago, pude transmitir la pasión que siento por esta ciudad y, una vez concluí, la máxima autoridad del patrimonio en el orbe preguntó por qué Cienfuegos no era Patrimonio Cultural de la Humanidad.

“Al regreso, el pequeño grupo de trabajo de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos enseguida nos pusimos a confeccionar el expediente. Siquiera teníamos una imagen digital y recurrimos a un equipo de Cimex para tomar fotos con su cámara e imprimir a colores el documento. Imagina que debíamos compararnos con Barcelona, Washington, La Plata; buscar elementos diferenciadores para convencer a la Unesco de que éramos únicos y singulares. Tras ese descomunal sacrificio, se aprobó por unanimidad la candidatura, y en 2005, en Durban, Sudáfrica, llegó la declaratoria”, afirmó.

Irán en una foto histórica junto Eusebio Leal, mientras caminan por el Bulevar de San Fernando. / Foto: Archivo
Irán en una foto histórica junto Eusebio Leal, mientras caminan por el Bulevar de San Fernando. / Foto: Archivo
GERENTES DE LA PRESERVACIÓN

En diciembre próximo, la OCCC cumplirá 17 años. Su nacimiento devino imprescindible luego de otorgársele a Cienfuegos la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad. “Pasamos a ser, ante el mundo, los gerentes de la preservación del Centro Histórico Urbano, y ese ha sido el principal encargo. Hemos ejecutado algunas obras, y continuamos porque la ciudad lo merece: es una joya que siempre está esperando por nosotros.

“A veces —sostuvo— duele que no todos opinen de la misma forma ni empujen con la misma fuerza para escalar más alto, no solo por el patrimonio, sino por este pueblo maravilloso que ama tanto el lugar donde vive, al extremo que, aún sin terminar una restauración, reclaman para que nos ocupemos de otra. Esa es una de las razones por las cuales me siento un hombre realizado. Muchos conocen que no soy cienfueguero, y me aceptaron, y pude responder al amor que prodigan a la Perla.

“Las personas saben quién trabaja para ellos, es transparente y gestor de sus problemas. Yo lo di todo a cambio de nada, y me jubilo tranquilo como quien ha cumplido su misión. Cienfuegos es mi patria chica, y por ella luché. Incluso, tuve algunas desavenencias con colegas, porque pretendí que fuesen mejores, y cuando no estaban a la altura de esas expectativas, me sentía defraudado.

“Desde la posición que asumí, hubiese sido fácil aprobar cualquier licencia de obra, desde Punta Gorda hasta donde fuere, pero prevaleció Cienfuegos, el patrimonio, la ética y mi condición de revolucionario. Cuando viajo a los años del Periodo Especial, recuerdo que trabajábamos en una cuartería, y venían los empresarios de las cadenas de hoteles españolas, y me tocaba decirle a un hotel Meliá que no podía micro localizarlo donde planteaban, pues afectaban al patrimonio. Eso habla de las batallas con las cuales debimos lidiar, que no solo implicaron a la población, sino a actores externos y en ocasiones hasta directivos”, comentó.

A sus 73 años, Irán Millán Cuétara se reconoce afortunado, al resultar acreedor de disímiles lauros a lo largo de su trayectoria profesional: Premio Nacional de Patrimonio Cultural (2017), Premio Nacional de Arquitectura (2018) y Héroe del Trabajo de la República de Cuba (2022). Sin embargo, tras un breve silencio en la conversación, revela que “el que más añoro es el de Hijo Ilustre de Cienfuegos. Lo conservo en casa como el trofeo más grande, porque Cienfuegos es mi vida y mi razón de ser”.

Este año Irán recibió la categoría docente especial de Profesor Invitado, de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV). Foto: tomada del sitio web de la UCLV
Autor: Roberto Alfonso Lara

Categories