Arranca la Feria del Libro en Cienfuegos

Cienfuegos amaneció enardecida este martes. Desde muy temprano, multitud de curiosos se asomaban a las carpas situadas en el céntrico Parque Martí y preguntaban cuándo empezarían a vender los libros, si podían dejar el dinero y volver luego por los ejemplares ya que debían ir a trabajar.

Otros, tapando la visión a los demás, permanecían en su sitio agitando los billetes en la mano mientras les explicaban que debían esperar la inauguración. Hay libros para todos, dijo una vendedora. No confiamos, respondió un abuelo y se ajustó la gorra que lucía un bordado donde danzaba un pequeño dragón chino.

Enardecida, ávida y asombrada, así se mostraba la gente de Cienfuegos ante la demostración danzaría de la MIN CHI TANG donde relucían espadas y abanicos, trajes vistosos y bailes milenarios que rendían culto lo mismo al dragón primaveral que a la Fiesta de los Faroles. Magia en todo caso. Hechizo.

Niños, ancianos, jóvenes. Funcionarios, escritores, responsables de la logística. Todos concentrados en lo que empieza y no debería acabar. ¿Cuándo le entregan a Eusebio Leal la distinción de Hijo Ilustre por la Asamblea Municipal?, pregunta alguien a mi espalda. Alguien ojea el programa y contesta.

Aprovecho y ojeo también el programa que me han entregado. ¿Dónde ir? ¿Por dónde empezar? Hay paneles tentadores: “Encantos y desencantos en la literatura. Promover la lectura hoy, ahora y aquí”, “Las políticas culturales en Cuba. Luces y sombras”, “Narrar no es ensayar, ensayar no es contar. El ensayo, el cuento y la novela, sus lectores”.

Continúo ojeando y tropiezo con un taller de edición que conducirá el escritor Pablo Guerra Martí. Persisten las tentaciones. “El diseño y la promoción”, “Traducción, retos y oportunidades”, “Jóvenes escritores, jóvenes editoriales”.

Hay que ir a “Dios y los locos”, grita alguien, Ian (Rodríguez Pérez) pone ese patio caliente cada vez que proyecta sus cortos de ficción o lo que sea, y de paso le descargamos a los versos que sueltan sus invitados. La juventud, Dios, los locos, pienso y cierro el programa. Tendré que leer con calma las opciones y habrá algunas que coincidan, pero no hay que lamentar nada de antemano.

Una mano ondea en el aire. Es Roberto Manzano. El poeta, el hechicero, el visionario. Me acerco. Da gusto escucharlo, es como si no cesaran los asombros. Ay, la poesía, ese podía ser uno de los principales renglones de exportación de este país si nos metiéramos de a lleno en la cuestión, dice. No bromea. Lo peor es que se lo cree en serio. Lo peor es que logra convencerme y me dará por repetirlo por ahí, a donde vaya.

Hay otros escritores y promotores invitados junto a Manzano. Belkis Reyes Soto, María Elena Llana, Lidia Ana Meriño. Arístides Vega Chapú, Miguel Terry Valdespino, Jorge Ángel Hernández. Allá a lo lejos, la reconozco, viene cruzando el parque Maylén Domínguez. Riendo. Acaba de llegar.

Tengo que sentarme en un banco. Concentrarme. Hay varias presentaciones de libros y quiero estar en la mayoría. Para vencer la tristeza anticipada por algo que terminará en algún momento. Siempre me sucede. Siempre. La literatura tiene sus días de fiestas, dijo Martí. Ojalá que Cienfuegos continúe enardecida, ávida, inconforme. Ojalá los días de sumergirse en la lectura no terminen su fiesta el sábado 10. Ojalá la pulsión por entender la vida en las páginas de un libro no termine nunca.

(Tomado de Cubaliteraria)

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