Debemos vivir con la mayor conciencia de lo que está pasando. Cuba es una y muchas Cubas

La inmensa mayoría de los cubanos lleva su país consigo, no importa si vive en lo más profundo de la isla o en cualquier rincón del mundo; no importa su estrato social; su piel, su edad, su condición religiosa o su ideología. Y la forman sus consensos y disensos, como cualquier sociedad o familia. Lo que no debe caber es el odio, como lo hemos percibido dolorosamente en estos días- aunque sea una minoría-, tanto en las redes como en la calle. Por otra parte, un grupo de los que reclaman el diálogo no creen en él, o lo que es peor no están interesados en el diálogo.

Pero el odio no se puede combatir con el odio, y siempre se debe reivindicar el diálogo, y más que nunca actuar con imaginación, con audacia, con flexibilidad, y con firmeza, aprendiendo de las lecciones del pasado lejano o reciente, y rediseñando el presente y el futuro. Todo esto genera grandes desafíos.

Tiempos de pandemia, bloqueo, crisis económica, donde cualquier error o desacierto cuesta más caro, se multiplica.

Parece que con la pandemia tendremos que convivir largo tiempo, a pesar de la vacuna. La próxima semana me toca la tercera dosis, pero sabemos que no es varita mágica. Nuestras cifras no son de las peores en el mundo, pero padecemos nuestras cifras.

El bloqueo con su prepotencia colonial seguirá, ahora ha tomado más fuerza en el lobby que lo promueve. Es cínico hablar de ¨corredor humanitario¨ mientras se mantiene, y donar vacunas, mientras no se permite la materia prima para los que ya tenemos.

Ahora más que nunca no podemos sentarnos en la puerta de la casa a ver pasar el cadáver del bloqueo. Somos responsables de nuestros errores, y se tiene que percibir en toda su dimensión el pulso de la nación. Con profunda sabiduría, responsabilidad y libertad, asumir los tiempos que nos corresponden.

(Tomado de Cubarte)

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