Ariadna Fernández: la instructora de arte que no deja de soñar

Las rocas duras se enfrentan al mar. Están por encima de sus olas. Alguien dice que nunca logra deshacerse de ellas, aun cuando las convierta en arena fina. Las rocas duras se encallan al suelo escogido y no les importa que la gente las mire irónicamente o con cierto aspecto de condolencia, ellas sobreviven a cualquier ocaso, a cualquier tempestad.

“No he luchado lo suficiente para ser artista profesional, no me interesa, lo mío es enseñar a los niños. Un trabajo más consagrado y menos reconocido, pero lo disfruto tanto que ni pienso en salir de ahí un día de estos (…) Yo no me voy de la Casa de la Cultura”, dice Ariadna Fernández Rodríguez, instructora de arte de la primera graduación de Cienfuegos en 2004, quien tiene un trabajo destacado en la especialidad de música a nivel provincial.

Una profunda timidez adormece la gran mujer que es. A veces suda tanto que la ropa luce ventana por donde corre la lluvia. No importa si con quien habla está del otro lado del teléfono. “Las gotas de sudor caen. Yo quisiera tener fuerza para ir a la televisión y así mis niños salen por ese canal, pero me resulta difícil. Estoy hablando contigo y me siento nerviosa.

“A pesar de la situación epidemiológica, que ha afectado mucho el canto coral, desde casa atiendo las necesidades de mis aficionados, compartimos ideas y tratamos de mantenernos unidos; somos una familia que disfruta el arte”, agrega y uno apunta en una libreta de escuela, rayada y sin márgenes coloridos.

                         Actuales integrantes de Sueño Nuevo. / Fotos: cortesía de la entrevistada

“Sueño Nuevo” es el hijo mayor de Ariadna, a poco tiempo de graduada lo pujó suficiente como para que su andar no tuviera un camino corto. Así nombró aquel feto coral, aquel grupo de escolares que representaba a la escuela Armando Mestre en no pocas actividades del sector educacional, hoy, convertido en una agrupación de 34 integrantes, entre cinco y 17 años de edad, la cual acoge en su interior una variedad de formatos y un repertorio amplísimo, de aquí y de allá.

Disímiles generaciones de aficionados han recibido formación artística bajo el manto de “Sueño Nuevo”, muchos han llegado a matricularse en el nivel elemental y medio de escuelas de arte. Compenetración y estricto currículo musical empastan hasta formar una familia que no vive del arte, solo disfruta”.

¿Cuánto afecta el provincianismo a las orquestas aficionadas en su visualización y acceso a los recursos vitales para la producción artística?     

“Nosotros estamos para formar, instruir… y es complicado no rendirse en este camino. Hay muchas trabas, pero cuando uno se apoya en el amor y en lo que uno hace, resulta más fácil. Sin el apoyo de los padres y los niños no podríamos desarrollarnos (…) Yo entendí hace tiempo que no es camino de uno, sino de todos”, dice, y omite los conflictos que padecen para lograr un vestuario acorde con el grupo, omite que los presupuestos son finitos; omite que si tuviera equipamientos digitales podían hacer conciertos online; omite el esfuerzo sostenido para lograr lo premiado.

Antes de graduarse como instructora ya había cantado bajo la ducha, en descargas con amigos y en los teatros de la escuela de arte… La música le cambió la vida sin que ello tuviera retrocesos.

Las obras compuestas por cienfuegueros es un acierto en el repertorio activo de tu agrupación, hablamos de autores que muchos desconocen…

“El objetivo fundamental del grupo es la salvaguarda y revitalización de los autores cienfuegueros, muchos conocen a la Tía Rosa, a Belkidia López, Los Novo…, sin embargo, existen otros de una calidad tremenda que no han sido visualizados suficientemente por los medios y resulta interés nuestro que los niños puedan conocer sus obras. Entre ellos, Regla Suárez de Cruces  y Liset Saura, una multipremiada de Lajas. Además, me gusta porque debo introducir el compositor hablando de la historia local de la región donde nacieron y escribieron los temas; es como hacerles un cuento que les llena de optimismo.

“Los grupos de guitarra y flauta dulce que confluyen al interior de la agrupación no se limitan a esas piezas de autoría local, sino que defienden en escena temas internacionales y de varios géneros como la trova.
“Casi todos los años participamos en el festival Escaramujo, en el que hemos obtenido reconocimientos y premios a nivel provincial (…) El aficionado disfruta más y el instructor debe llegarle al corazón para sacar lo artístico, lo mágico (…) Tenemos peñas habituales en la Casa de Cultura y en los Jardines de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) acá, ahora cerradas por la Covid-19.

“El instructor de arte es un educador y resulta difícil no ser influenciado por ser artista (…) Mi vocación por el arte la he volcado más hacia la enseñanza, me gusta muchísimo (…) Tengo el sueño de grabar un disco con mis niños o llevarlos a la televisión para que conozcan su trabajo, si se me quitara la pena…”, agrega Ariadna Fernández, después de hablar varios minutos por teléfono, e imaginas su ropa como ventana por donde corre la lluvia.

Las rocas duras se enfrentan al mar.
(Tomado de 5 de Septiembre)

 

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