Juan David, pilar de la caricatura en Cuba

El 8 de agosto de 1981 Cuba sufre una sensible pérdida en las heredades del arte. La muerte de Juan David en la capital pone fin a esta estirpe de caricaturista casi insuperable en su estilo y anchura productiva. Inobjetablemente, uno de los pilares del género en la isla, junto con Rafael Blanco, Conrado Walter Massaguer, Jaime Valls y Eduardo Abela. Para muchos el más grande de todos los tiempos (Él bromeaba que lo era, debido a su corpulencia).

Grosso modo, el artista ha sido bien mediatizado. Salones, galerías o eventos de artes visuales y justas de periodismo llevan su nombre; sin embargo, aún no se ha logrado en Cienfuegos el suceso cultural que le tribute como merece y consiga a través de los impactos una cicatriz en la memoria de las jóvenes generaciones.

                                                                            Caricatura de Alicia Alonso de Juan David

Empero, no vamos a detenernos en ciertos reclamos o en la trascendencia de este dibujante y pintor (Refería que dibujaba con la derecha y pintaba con las dos  manos), sobre el que mucho se ha escrito (recomiendo dos artículos para mayores luces; el primero, Un caricaturista con historia, publicado por Darío Carmona en la revista CUBA (marzo de 1964, p. 44); el segundo, David in memoriam, aparecido el 16 de agosto de 1981 en el semanario 5 de septiembre, concebido a cuatro manos por Omar George Carpi y Pedro de la Hoz, previos a los más de siete libros dedicados a la vida y obra del talentoso artista. En todo caso, voy a reparar en el recién aniversario 110 de su natalicio, sucedido el pasado 25 de abril de 1911, y en las puntualidades que lo hacen nuestro y fomentan el orgullo de los sureños por su legado creativo.

                                                           Caricatura de Fidel Castro Ruz de Juan David

Juan Eduardo David Posada nace en Sitiecitos, Palmira, fruto de una interesante mezcla: el padre francés –Edouard David-, un comerciante malogrado, profesor de gimnasia e idioma y hombre anti-clerical, y la madre asturiana, Trinidad Posada. A los pocos días de llegar al mundo es trasladada a la ciudad de Cienfuegos. Él mismo cuenta que fue un niño delgadito y de buenos modales, que siguió siendo flacucho hasta los 32: “Ha sido como vivir dos vidas: 32 años de flaco, 20 de gordo”. Con 18 meses acompaña a sumadrehasta el terruño español y tras cumplir los nueve años, cuando la primera guerra mundial lo oportuna, regresa a Cienfuegos y hasta 1924 realiza los estudios primarios en el Colegio de los Padres Jesuitas, donde labora su progenitor, que acaba en bancarrota por esa fecha. Es el momento en que Juan David, el pequeño flaquito, tiene que buscar trabajo para ayudar a la familia. Fue el chico de los mandados en una farmacia sureña, labora en una peletería, más tarde en una tienda de ropa, y finalmente como mensajero y oficinista en la Compañía Cubana de Electricidad. A todas luces, estas vicisitudes tempranas crean en su ideario una conciencia de clase, cierto espíritu de rebeldía por el orden social.
                                                                                              Caricatura de Vladimir I. Lenin

En 1925 inicia, junto con  su paisano Mateo Torriente, los estudios de dibujo con el profesor  hispano Adolfo Meana, recién llegado a la ciudad,  según él:“un asturiano estupendo, un tipo fenomenal”. En este periplo copia esculturas griegas a las que da sombras especiales: “Los  otros alumnos me increparon: » ¡Oye David! Tú ensucias papeles, no dibujas”. Meana me defendía: “Déjenle. El ve así lo griego”. Siempre recordaré con cariño a Meana: entendía mis locuras, respetaba la libertad.” -confiesa el artista. Al año siguiente dibuja su primera caricatura, un “señor bizco que tenía además los pies torcidos”. A los veinte realiza la primera exposición personal en el Estudio de Fotografía Santiago, una treintena de dibujos y caricaturas que gestiona el grupo Ariel, cuya filiación política es censurada por las autoridades machistas. De hecho, es encarcelado en 1927 y luego en 1934. Entonces tiene que emigrar de la Perla del Sur, trasladándose a La Habana, donde da un giro significativo a su obra.

Cuando triunfa la revolución cubana ya es un artista legitimado, gracias a sus colaboraciones con disímiles publicaciones, como BohemiaGaceta del CaribeEl MundoExcélsior, etc., y los lauros recibidos en salones de humorismo y arte cubano contemporáneo. En lo inmediato asume responsabilidades políticas y desde 1960 se desempeña como Agregado Cultural en Uruguay.
                                                Caricatura de Nicolás Guillén

Su obra, signada por los influjos de Toño Salazar, Hernández Cárdenas, Rafael Blanco y pintores modernos al estilo de Picasso, porta un estilo personal y renovador, fruto de la observancia e interpretación de las realidades cotidianas, del hombre y sus entibos psicológicos y éticos, a los que des-nuda en un acto de síntesis caracterizadora, tan sólo con simples y lacónicos trazos o líneas dinámicas, cáusticas y elegantes, tal como se aprecia en las caricaturas de Alicia Alonso, Alejo Carpentier, Fidel Castro, Nicolás Guillén o Rita Montaner.

Aunque el artista mantuvo lazos emocionales con Cienfuegos hasta su muerte, pocas han sido las exposiciones de sus obras en la ciudad. A mediados de los ochenta llega a fundarse con su nombre un parque del humor, una peña y hasta un grupo de creación con caricaturistas del patio (Grupo David del Humor); empero, todas estas expresiones de admiración se disiparon en el tiempo. Apenas en febrero de 2009 se realiza una exhibición patrocinada por el Museo Provincial de Cienfuegos, en el contexto de la jornada de la cultura cienfueguera, con originales concebidos entre 1929 y 1960; muestra que sucede en la galería que lleva su nombre en la sede del  periódico 5 de Septiembre.

Sobre la personalidad y el estilo de su obra estaremos reflexionando en agosto de 2021, a propósito de su fallecimiento. Por lo pronto, ¡Feliz cumpleaños, Juan David!.
(Tomado de 5 de Septiembre)

 

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